En este texto habla acerca de que la epistemología política moderna que es muy importante para los estudiosos de la innovación y de la tecnociencia y se sustenta en una asimetría entre dos formas de producción y legitimación de conocimientos. En la Modernidad, el tema de la representación del conocimiento de la naturaleza y de la sociedad se ha popularizado bajo la configuración de que por un lado, la ambición por alcanzar la verdad objetiva como representación de la naturaleza ha conducido a suponer que la objetividad científica es el último eslabón en la evolución del conocimiento de la realidad y que la ciencia consiste en revelar verdades universales. Esto ha brindando la idea de la existencia de una naturaleza única, objetiva y universal. En la acción social, incluida la política, las verdades sociológicas han sido empleadas como argumentos omnipotentes y como conocimientos que alcanzan niveles sobrehumanos o mejor dicho, sobresubjetivos.
Mientras científicos y tecnólogos reclaman la despolitización de sus campos y disciplinas, los políticos se molestan al ser criticados de tecnócratas. Los primeros se disputan por tener la razón sobre la naturaleza, los segundos participan en debates para imponer sus puntos de vista sobre asuntos y soluciones de competencia pública. La repartición de las representaciones de ambas entidades se vuelve asimétrica en el momento que tanto los científicos como los políticos manifiestan públicamente un acuerdo que organiza la epistemología política modernista del siguiente modo: se asume un mundo en el que la naturaleza es única y la política es relativa. La política es reflejo del relativismo social y la naturaleza un reflejo del absolutismo científico.
Para Habermas la epistemología política modernista impone la separación entre la naturaleza y la política, adjudican a las ciencias de la naturaleza una suerte de exención de acción social comunicativa y política y, exentan a la actividad política de la actividad científica; de esta adjudicación y exención ha resultado una imagen del mundo de la que la naturaleza es única y la política es relativa.
El movimiento posmodernista ha atacado las raíces mismas de la epistemología científica moderna sustentada en el objetivismo, el realismo, la racionalidad y la univocidad interpretativa (verdad absoluta), principalmente. Los posmodernistas han diagnosticado la disolución de la epistemología moderna y augurado el surgimiento del eclecticismo, el relativismo (Gross y Levitt, 1994), la polisemia y la virtualización.
El punto de apoyo epistemológico del posmodernismo ha sido el relativismo, y ciertos científicos modernistas se han lanzado contra él; por ejemplo, para los físicos teóricos Sokal y Bricmont (S&B), “el peligro mayor del posmodernismo radica en el relativismo epistémico (…), específicamente, de la idea –mucho más extendida (…) de que la ciencia moderna no es más que un mito, una narración o un constructo social entre muchos otros” (S&B, 1997:8). Sin embargo adoptar el relativismo epistémico hace correr el riesgo de imaginar la disolución de la realidad, de aceptar la inaccesibilidad a la naturaleza o bien, de reconocer que la objetividad como vínculo y adecuación entre naturaleza y conocimiento puede sólo existir en el rango de objetividad socioregional
La relativización de las grandes verdades sociales ha sido un proceso consistente, al grado que algunos, como Fukuyama (1992) han considerado pertinente pensar en haber alcanzado el fin de la historia; afortunadamente hasta esta idea ha sido relativizada.
En las disciplinas sociales y humanísticas, la práctica antropológica es emblemática en razón de su tarea programática relativizadora y de los temas epistemológicos en los que se involucra. Como relativizadora, la tarea de la antropología ha consistido, en poner en situación relativa a las culturas. Primero lo hizo con la propia cultura occidental y después lo ha hecho en los diferentes ámbitos donde ha penetrado; incluido, como veremos adelante, el ámbito de la producción de conocimientos científicos.
Respecto a los temas epistemológicos, el conocimiento antropológico se refiere al estatuto cognitivo de las culturas estudiadas y, recíprocamente, del régimen cognitivo de ella misma (Sperber, 1982). Prácticamente no hay ámbitos de la antropología que no aborden el estatuto cognitivo de las culturas estudiadas, trátese de las etnociencias, de la estructura de los mitos y de las cosmologías de las sociedades, del estudio de todo tipo de representaciones sociales (como las religiosas que estudio Durkheim), etcétera; los reportes etnográficos han dado cuenta del conocimiento de las culturas. Los antropólogos posmodernos como Clifford Geertz, James Clifford y otros de sus colegas (1998), rompen con el vínculo problemático de la objetividad como relación de adecuación entre el objeto de estudio y el sujeto cognoscente para evocar la imposibilidad de alcanzar la observación objetiva de otra cultura; frente a lo cual, sólo les ha restado asumir que el autóctono no es sino la ocasión para ejercitar la literatura antropológica. Estos posmodernistas, ha convertido a la antropología en una disciplina retórica, en la que las discusiones sobre la pertinencia cognitiva de las acuñaciones y conceptos se trasladan de la crítica epistemológica a la critica literaria.
Desde una perspectiva epistemológica, el conocimiento del informante y la del antropólogo se relativizan en un espacio social inconmensurable.
Los antropólogos posmodernos han invertido la paradoja de la epistemología moderna de la siguiente manera: relativizando el conocimiento de las culturas mantienen, paradójicamente, un objetivismo respecto a la naturaleza, configurando un relativismo cultural y un absolutismo
naturalístico. De este modo, la epistemología política resultante es nuevamente asimétrica.
Los antropólogos de ciencias y técnicas de diferentes corrientes han vuelto más problemática la epistemología mostrando la complejidad de la epistemología cientificotécnica contemporánea y la dificultad de aplicar el modelo modernista de la conceptualización de la naturaleza absolutizada y la política relativa pero también el de la absolutización del posmodernismo los antropólogos posmodernistas son consecuentes, de acuerdo a la epistemología política; sin embargo, son modernistas de acuerdo a la asimetría naturaleza única/cultura relativa.
Esta lectura habla también acerca de la guerra de ciencias donde se muestran dos aspectos epistemológicos asimétricos para nuestro análisis; muestra como ciertos científicos defienden la copresencia del absolutismo en ciencias y del relativismo cultural y, ciertos estudios de la ciencia defienden el relativismo en ciencias y el absolutismo sociológico; así mismo, ambos evitan el tráfico entre relativismos y absolutismos. El “escándalo” desatado por el físico teórico Alan Sokal por la supuesta impostura científica de algunos prominentes intelectuales de las humanidades, derivó luego de un tiempo en lo que se llamaría la guerra de ciencias entre epistemólogos, científicos y humanistas (ver: Arellano, 2000) y, finalmente el debate se dirigió contra los estudiosos de ciencias (Callon, 1999).
Sokal y Bricmont, se oponen rotundamente al relativismo en ciencias y pero distinguen el relativismo filosófico del relativismo metodológico. Del primero, aceptan la consideración que la verdad de una propuesta depende de quien la interpreta, lo que para ellos es perfectamente sostenible aunque tenga poca consistencia en el mundo.
Callon propuso la construcción de un cuadro común y general para interpretar el carácter incierto de la naturaleza y de la sociedad, llamado principio de simetría generalizada (Callon, 1986: 176-177). En el principio de simetría generalizada, tanto la naturaleza como la sociedad son categorías a explicar partiendo de las interpretaciones sobre los objetos materiales y de conocimiento. Este principio de simetría generalizada no deriva en la generalización del relativismo pues Callon, inspirado de Serres, ha considerado que las negociaciones entre los científicos tienen una función integradora. Aquí, los acuerdos provendrían del procedimiento negociador de la relatividad de las opiniones que originaron las controversias
martes, 22 de mayo de 2007
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